Y yo pensando que no tenía comentarios y resulta que, no sé por qué, tengo que moderarlos antes. Esto es así (compadre) por la cara bonita de blogger. Te cambio la configuración por que sí. Por que me da a mí la gana. Y te aguantas como cuando una actualización del iTunes por ejemplo te desconfigura el Outlook. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra? Pues nada a simple vista de usuario informático medio (bajo). Y ahora búscate la vida por internet esperando no ser el único torpe del planeta al que le haya pasado. Y si no lo eres que haya un semidios que sepa arreglar el entuerto. Si no es posible pues ya sabes, reinicia de nuevo el PC, reinstala el programa de nuevo, quita la actualización, desinstala otro programa, baila una sardana, mata un pollo negro en un pentagrama, que te dé el baile de San Vito y finalmente ponte a llorar por que esto no tiene solución.
Creo que mejor me voy a tomar una cerveza....
Me cagüen blogger
9 julio - La ironía del policía (casi) jubilado
Eyjafjallajokull
La buena fama
23 diciembre - Swimming in the rain
16 diciembre - El maravilloso mundo de la publicidad navideña I
- Vamos a empezar por el de Loewe. Un tío disfrazado de algo raro que gira el cuello y suenan caballos. ¿Qué cojones te está diciendo? ¿Que el perfume huele a cuadra o que el colega tiene un grave problema de cervicales?
- Oh la la (o como se llame). Una panda de payaso (con perdón para los payasos de verdad) contando una historia de no sé qué aguja de reloj que cae en un soufflé y un perro que habla. ¿Huele a soufflé? ¿A perro? ¿A soufflé de perro? ¿Te pones ese perfume y te crees que vives en el pais de Micolor?
- Tresor de Lancome. Ruego encarecidamente ver este anuncio en Youtube. Vamos a ver. Una chica que se descalza y se pone a andar por un estanque, por muy delgada que esté hace ruido. El chavalín será sordo perdido. Por cierto al final del anuncio hay un "momento teniente" en el que se escucha "La mula está estresá"
- El de Diesel en el que se ve a un menda corriendo y unos cuantos coches dando marcha atrás. Que yo soy el conductor de uno de los coches y a no ser que el tío venga corriendo con un hacha va a dar marcha atrás el tato. Por cierto, con ese nombre y esa temática tienes que oler a tubo de escape cosa mala.
15 diciembre - Feliz consumismo
Una de las cosas que trae Diciembre, además del frío, es el espíritu consumista que nos corroe. Uno siempre dice que va a minimizar los gastos, que este año no se puede y demás tipo de tonterías. Al final te terminas gastando un pastizal en regalos, comidas y reuniones. Los compañeros de trabajo, los de la facultad, los amigos de toda la vida, los vecinos y los del coro de secundaria que hace una eternidad que no ves. Al final te juntas en una semana con seis comidas y cuatro cenas....Sin contar que las fiestas aún no han comenzado, que es ahí cuando realmente te pones a comer. Por que, digas lo que digas, en Nochebuena te atiborras como un cerdo con las tapas. Que si un poco de jamón, que si una rodaja de caña, un par de langostinos que se van a poner malos, que si esperad que ahora viene la carne, los postres, los mantecados y el turrón....Vamos, que terminas rezando por un par de días a pan y agua.Una pequeña muestra de amor

No suelo coger el transporte público mucho. Tanta humanidad desconocida a mi alrededor no me gusta. Prefiero la soledad del caminante. Pero el otro día tomé el bus. Pasé cerca de la parada y observé que estaba prácticamente vacío. El insoportable viento me convenció para subirme y gastar un viaje del bonobús que me compré hace no sé ni cuánto tiempo. Dada mi antipatía natural a evitar el contacto humano no deseado me quedé de pie a pesar de haber al menos una docena de sitios libres. Frente a mí, sentado en una butaca más ancha de lo normal, se encontraba un anciano. Tendría más de ochenta años. Impecablemente vestido con su chaqueta de cuadros, su chaleco de pico, su corbata a juego con el chaleco y su camisa impolutamente blanca. Jugueteaba con su bastón de madera. Al llegar una parada giró sobre su asiento noventa grados. Será su parada, pensé. El autobús llegó a la parada, se montaron pasajeros, se bajaron también y el conductor cerró las puertas pero el anciano no bajó. Se habrá equivocado de parada, ya no se acuerda cuántas paradas había o no ve bien fue lo que pensé de nuevo equivocadamente. El anciano empezó a incorporarse lentamente, torpemente. La edad le impedía moverse con mucha destreza. Cada movimiento que hacía con el autobús en marcha era asegurado previamente con una mano agarrada a un asidero y el bastón bien encallado en el suelo. Consiguió incorporarse y colocarse junto a la puerta de salida escasos treinta metros de la parada. Tenía una sonrisa amable sobre su cara. Escudriñó la parada del autobús y su sonrisa se acentuó. Allí estaba su mujer. Vestida aún con el delantal. Le ayudó a bajar y se dieron un pequeño beso en los labios. Los dos se volvieron para agradecer a los buenos samaritanos que también ayudaron a bajar al anciano. Los dos tenían esa sonrisa que te da el verte de nuevo con tu media naranja. Cuántos años llevarían juntos y aún conservan esa sonrisa, pensé esta vez acertadamente. La verdad que mereció la pena tomar el autobús ese día.



